martes, 29 de noviembre de 2011

El barro selectivo






                              Miradme bien ¿soy una más? No lo parezco, lo sé, pero aquí estoy,  llevando mi vida a cuestas, como todo hijo de vecino. No siempre salen las cosas como uno quiere. Los sueños de juventud se esfuman con el tiempo. Las ilusiones dejan paso a las decepciones, y al final todo pasa, todo; solamente quedas tú, como destino y como final. Las parejas dejan de serlo de repente, sin aviso previo; los hijos se van, como nos fuimos todos, y la soledad, esa que siempre te acompañó, se manifiesta de pronto como única verdad.



Ahora, aquí sentada en un rincón, veo la triste realidad. Ese tipo que está frente a mi la representa; Tiene mi edad, está rodado. Canas y arrugas le presumen madurez, las mismas que en mí denotan cansancio, y quizás descuido. Los fracasos se reflejan en sus ojos, si se sabe ver, aunque luzca una sonrisa forzada y perenne. Para la gente, es un tipo interesante, con pasado y experiencia. Yo, en cambio, soy una acabada. Cuando él habla, todos escuchan atentos esperando el chiste, la queja o la frase supuestamente sabia. Si hablo yo, las miradas me esquivan, y a lo sumo, obtengo un condescendiente gesto de amable lastima. Incluso me atrevería a decir que alguna chica le observa con interés. Los chicos, en mí, ven lo que jamás quisieran ver en sus madres.


¿Igualdad? ¡Ya! dejadme que me ría; prefiero llorar en casa. Aquí, en el mundo real, yo os la cuento. Aunque somos iguales, para la gente él es el rey del bar; servidora, una triste borracha.



4 comentarios:

Manuel dijo...

Tremendo portazo a eso que llaman igualdad en estos tiempos. La verdad, la triste verdad es otra. Es esa que tan bien relatas.
Como siempre, manejas los personajes de tus narraciones con extrema delicadeza y realismo.
Un fuerte abrazo, Antonio.

Ángela dijo...

Creo que muchas parejas se van a ver reflejadas en este relato tuyo, Castelo.
Cuando sólo queda mirar de frente y comprobar que esa persona con la que vienes compartiendo el camino es una completa extraña. Que los hijos han llenado esos silencios que ahora retumban.
Un buen escrito, amigo. Como siempre, invitando a la reflexión. Por cierto soy Metamorfosis jaja

Analogías dijo...

Ya sabes que te sigo a pies juntillas, y cómo no...también por aquí!

Funambulus dijo...

Es un placer reencontrarte por este vasto ciberespacio y volver a leer tu excelente narrativa. Que bien que describes estos personajes enfangados en el barro de la vida.
Salud kamarada!