lunes, 24 de enero de 2022

Pasa la vida

 




                       Agarrado al volante del coche, sin más paisaje que el auto que me precede, observo, intentando mantener la poca calma que me queda. Empiezo a sudar. No es el calor, tengo el aire acondicionado puesto, con su monótono runrún. Es la angustia. La angustia de la insoportable quietud. Llevamos parados mucho tiempo, avanzando cada diez minutos poco más de tres metros. El atasco parece no tener fin.

 Mis nervios flojean, dejando paso al inevitable instinto. Éste me empuja a salir.

Como en una ciega reacción temperamental, sin pensar, con la adrenalina a flor de piel, bajo del coche y me subo  a su techo. Oteo el horizonte y no veo más que una inerte masa de vehículos encendidos, parados, expectantes; prácticamente moribundos.

 Esta nueva óptica me empuja a caminar. Lo hago sobre los coches, saltando de techo a capó y de capó a techo, rápido y hacia delante. Mientras avanzo, los demás conductores me insultan y me gritan. No es por pisar sus coches. No, eso es la excusa. En realidad me insultan por avanzar, por salirme de la norma del atasco. Tampoco yo camino por desesperación, ni por agobio. Eso fue al principio, en las primeras zancadas. Ahora que llevo un buen trecho recorrido es la curiosidad la que me mueve.

 Me llama la atención que bajo mis pies dejo atrás todo tipo de vehículos. Viejos, lujosos, familiares, deportivos; pero todos tienen algo en común; están parados. En un atasco, como en la muerte, todos somos iguales.

 Al fondo, algo empieza a cambiar. Una inmensa y densa niebla me impide ver más allá.

Despacio, muy despacio, continúo. No veo absolutamente nada. Oigo ruido de golpes, y algún lejano grito que se pierde. Paro en seco y me agacho, agudizando mi vista al máximo. Lo que descubro me petrifica. Muy cerca de mi esta el final del atasco, y el motivo de éste.

Un gran cráter de varios kilómetros de profundidad se abre en la tierra, y por él van cayendo, inevitablemente, todos los coches que despacio y a ciegas se acercan. Sin tiempo para ver, ni para pensar; tan solo para gritar.


domingo, 16 de enero de 2022

Envidia

 



                                 Unos a otros se consolaban. “Lo importante es participar”, se decian deportivamente. Pero cuando el óvulo entregó el premio de la fecundidad al ganador, muy pocos aplaudieron. Y eso que eran millones.


domingo, 9 de enero de 2022

Ecologismo

 



                        

                                     Tan concienciado y seguro estaba de que el deterioro del planeta era culpa del hombre, que dejo su oficio y se hizo sicario. Evidentemente, se deshacía de sus víctimas en el contenedor de “residuos orgánicos”.

sábado, 18 de diciembre de 2021

Tradición

 




                             Decidieron celebrar la navidad juntos en familia y así lo hicieron. Todos apagaron sus teléfonos móviles.


lunes, 13 de diciembre de 2021

Consecuencia

 



                             

               "¿Qué si tengo algo que añadir? Hombre, pues algo si, mire usted. Verá, nací en un barrio pobre y esas cosas que ya habrá oído usted tantas veces. Mi padre se mató en la obra siendo yo un chiquillo, y a mi vieja le toco criar a cuatro hijos ella sola, doblando turnos y sin apenas vernos. Digamos que nos educamos solos, entre nosotros, y así salió el experimento. Luego, si añadimos las bromas en el colegio por ir siempre con la misma ropa remendada y sin bocata, que los niños son muy cabrones, pues claro, la consecuencia es que crecí siendo un autentico hijo de puta resentido.

Comencé a robar siendo bien chaval. Dicen que el dinero no da la felicidad, pero ser pobre tampoco. Además estaba harto de ver a mi madre matarse día tras día. Y así empecé, con pequeños hurtos. Me compraba zapatillas nuevas, iba al burguer a comer y le dejaba pasta a mi vieja, que aunque no aprobaba mi vida también se daba cuenta de que era eso o la miseria. Hoy en día no te dejan trabajar siendo menor, los listos. Pues a robar.

Claro que no todo el monte es orégano y como no, llegaron los internados y los correccionales, de donde salí todavía más cabrón. Y así hasta hoy, que ya pasaré a mayores, después de lo que  dicte usted.

¿Qué por qué lo hice? Porque las farmacias y joyerías ya apenas tienen efectivo, con eso de las tarjetas, y ya tocaba un banco. ¿Por qué le dispare al guardia? Yo le apunte al pie, y casi le vuelo las pelotas, al pobre. Pero mire, señor juez, el me iba a disparar a mí, o eso dijo. Además, si tengo que ir pa’dentro no quiero entrar como un pringao. Es una carta de presentación, que me tomen por loco, así me respetan.

¿Qué cómo me declaro? Hombre, pues supongo que culpable. Eso sí, con matices, señoría, con matices."

jueves, 9 de diciembre de 2021

CRISIS DE FE 2 Parte (Reverso)

 



-        Perdón, padre, porque he pecado.

-        Dígame doctor, en confianza.

-        Creo, padre, que he perdido la fe en la ciencia.

-        Explíquese.

-        Mire, como psiquiatra tengo acceso a multitud de problemas y debilidades humanas, pero no todas con solución. Hay veces que me siento como un curandero recetando potingues milagrosos que ya se de antemano que no son la solución. Trastornos que se escapan de mis manos y mis conocimientos. Mi capacidad de comprensión tiene cada vez más limites, y cuanta más experiencia, más dudas. Esa misma experiencia que me ha demostrado que existen problemas sin solución. Por mi consulta pasan psicópatas potenciales, pederastas, maltratadores sádicos. Personas que solo un ente superior, como su Dios, puede tratar, o juzgar. Casos en los que una terapia solo atenúa, jamás cura. Respuestas que la ciencia no me da. He aprendido que el mal existe, padre. Genético y educacional, y la impotencia se convierte en fraude dentro de mi cabeza. Yo no les puedo mandar rezar, ni convencerles de que se arrepientan, tan solo les doy unas pastillas que no nos engañemos, son como lacasitos para un adicto. Mi vocación se diluye, padre, y cada vez interactúo menos con mis pacientes. Escucho, escribo y que pase el siguiente. Es curioso, pero yo, que siempre había renegado de la religión, cada vez la veo más cercana. Creo que necesito creer, por eso vengo. Me facilitaría tanto la vida saber que hay un Dios…

-        No sabe usted como le entiendo, doctor.

-        Pues esta es mi confesión, padre.

-        Le mandaría rezar dos padre nuestros, si se los sabe, pero no creo que sea necesario ¿no?

-        Los rezaré, que nunca se sabe.


lunes, 6 de diciembre de 2021

CRISIS DE FE 1parte (Anverso)

 




-          Buenos días padre, acomódese ¿Qué tal la semana?

-        Buenas, doctor. Igual o peor. Siguen latiendo mis problemas, o más que problemas, preocupaciones. Siento un vacío que cada vez se hace más grande y creo que es la ausencia de Dios. O tal vez sea predicar en el desierto, que termina quemando. Creo que he tirado la toalla hace tiempo y lo que tengo ahora es monotonía laboral.

-         ¿Ha perdido usted la fe?

-          Sinceramente, creo que sí. Verá, de joven, cuando no era más que un novicio, era todo ilusión, como un idealista con su ideal o un enamorado con su pasión, pero luego empiezas a ejercer y te vas asentando en la realidad, y tanto la pasión como los ideales se difuminan, igual que la fe, y ya todo se vuelve más pragmático. Calas a la gente, sus inquietudes, sus miserias, y vas abriendo los ojos hasta que dices “¿es esto la obra de Dios?”. Mire, doctor, de toda mi parroquia cuento con los dedos de una mano, y sobran dedos, auténticos devotos. La mitad vienen por tradición, por cumplir trámite, y la otra mitad por miedo a que de verdad exista algo. Por amor al creador vienen dos a lo sumo. Y luego está el confesionario. Las cosas que uno escucha, más propias de su consulta que de la mía. Y tengo la obligación de perdonar, cuando en vez de mandar rezar ave marías les daría un par de hostias a más de uno, pero hostias de cinco dedos, no obleas. Parece mentira que la gente crea con facilidad que le va a tocar la lotería y en cambio les cuesta un mundo creer en algo superior, es curioso. Solo hay una mujer que me devuelve la cordura. Es callada, nunca va en domingo, sino a diario, cuando menos visible esta. Tiene la paz en el rostro. Llega, escucha, reza y se va. Nunca se confiesa. Sé que es feliz, una creyente convencida, que siente a Dios en cada bocanada de aire, que para ella vivir es un regalo divino, y así se lo toma, con la máxima humildad. Me han contado que apenas tiene recursos, pero que afronta los problemas con una sonrisa y jamás habla mal de nadie, dígame ¿Cuántas pastillas necesitaríamos nosotros para sentir su bienestar? No sabe usted como la envidio. Quizás sea por ella que sigo en la trinchera, doctor. Puede que sea la señal que Dios me ha enviado, a saber.

-        Dígame, padre ¿Por qué viene usted a terapia?

-        Por lo mismo que usted va a misa, doctor, para aliviarme. Para aliviarme.